Dada la ausencia de una tradición literaria femenina visible (laguna que, en las últimas décadas, se está subsanando gracias a la labor desarrollada por la crítica literaria feminista), las escritoras han tenido habitualmente como referente de escritura la producción de autores varones. Muchas de las categorías presentes en esta no resultan, sin embargo, válidas o suficientes para trasladar la especificidad de su experiencia, razón por la cual, aunque parecen asumir determinados presupuestos estéticos e ideológicos, con frecuencia de fondo incorporan elementos que los subvierten y que suponen un distanciamiento. Esta resulta una estrategia fundamental en la búsqueda de una voz propia, que, si la identificamos, debemos resaltar en nuestro comentario.