Metacomentario interpretativo. Poesía: Rosalía de Castro (A mi madre, 1863)

Por: Guillermo Laín Corona

Biblioteca LITTERA

, 23/02/2021

Un comentario puede ser abierto (cada cual comenta los aspectos que crea pertinentes) o focalizado en algunos aspectos a partir de una o varias preguntas. Para hacer un comentario de texto, se pude seguir una aproximación por apartados (contexto, temas, estilo, etc.) o ensayística (entrelazando los diferentes aspectos sin distinción en apartados). Aquí, el comentario se desarrolla de manera ensayística y no responde a ninguna pregunta en concreto, si bien, necesariamente, a la hora de realizarlo, se ha elegido hablar de ciertos aspectos, descartando otros.

En un comentario abierto, la elección de qué comentar requiere una valoración doble. Desde un punto de vista cuantitativo, no puede comentarse todo, porque a menudo hay límites de espacio o tiempo. Desde una perspectiva cualitativa, deben priorizarse los aspectos más importantes. Evidentemente, lo más importante depende de quién realice el comentario, pero no por ello hay que caer en el error de que se puede comentar cualquier cosa: siempre unos aspectos son más relevantes que otros. Para determinar esto, entra en juego de nuevo una valoración doble. Por un lado, el comentarista debe poseer una formación suficiente para comprender el texto en sí mismo y en su contexto. Por otro, lo más importante depende del enfoque del comentario. En un comentario sociolingüístico lo más importante, simplificando mucho, serían los rasgos gramaticales, sintácticos y/o léxicos que sirven para identificar la variedad dialectal del texto, sin necesariamente atender a su dimensión estética, ni a los temas. Sin embargo, en un enfoque interpretativo de un texto literario, lo más importante son los temas y los recursos estilísticos con los que estos se expresan; para ello, hay que establecer el contexto histórico, la trayectoria del autor y su movimiento estético.

Además, en un comentario interpretativo de un texto literario no se analizan estos aspectos per se, sino para entender mejor lo que el texto quiere decir. No se habla del contexto histórico sin más, sino solo de los detalles necesarios que explican el tema del texto. Tampoco se hace una mera lista de figuras literarias, sino que se analizan solo las figuras que directamente expresan ese tema.

Por último, un comentario debe hacerse con apoyo de materiales bibliográficos: primarios (una edición rigurosa del texto que se comenta) y secundarios (estudios sobre ese texto que sirven de apoyo al análisis). Cuando se tiene acceso a la bibliografía, es obligatorio referirse a ella, incluyendo los datos bibliográficos (autor, título, editorial, fecha de publicación, páginas, etc.), y es necesario incluir citas textuales, entre comillas y con la página exacta. No hacerlo se considera plagio, lo que es inaceptable para el estudio académico y, en ocasiones, puede ser constitutivo de delito. Sin embargo, hay situaciones en las que no se tiene acceso a la bibliografía, como en un examen. En estos casos, como no es posible saberse de memoria los datos bibliográficos y un listado de citas literales tomadas de la bibliografía secundaria, no es preciso poner estos datos ni citas entrecomilladas, pero sí es preciso incluir grosso modo las referencias a los materiales consultados a lo largo del comentario, como se hace aquí.

Texto

De gemidos quejumbrosos,
de suspiros lastimeros,
vago suena en el espacio
melancólico concierto…
Son las campanas que tocan…
¡Tocan por los que murieron!
Plañidero el metal vibra,
las regiones recorriendo
de los valles solitarios,
de los tristes cementerios,
y también allá en la hondura
de las almas sin consuelo.
¡Vasto páramo es la mía,
como abrasado desierto,
como mar que no se acaba,
y en ella un sepulcro tengo
más profundo que un abismo,
más ancho que el firmamento,
y al eco de las campanas
que en él se va repitiendo,
los esqueletos se rompen,
de mis pálidos recuerdos!
¿Será cierto que pasaron,
y para siempre murieron?
¿Es verdad que cuanto toco,
cuanto miro y cuanto quiero
todo ilusión me parece,
todo me parece un cuento?…
Y que tuve un tiempo madre
y que ora ya no la tengo…
También un sueño parece,
¡pero qué terrible sueño!

Pasaje de A mi madre (1863), de Rosalía de Castro

Comentario de texto

A mi madre (1863), poemario publicado como un breve folleto de apenas treinta páginas, en las que Rosalía de Castro canta la muerte de su madre, es una de las primeras obras de esta autora, después de otros libros de poemas, como La flor, y una novela: La hija del marA mi madre tiene interés por varios aspectos literarios, que se analizarán a continuación, pero también constituye un documento fundamental para entender la biografía de la autora. *am1

Como se puede ver en el perfil biográfico del Portal Rosalía de Castro de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, a cargo de Marina Mayoral, *am2  la crítica ha sostenido opiniones contradictorias sobre la vida de la autora. Así, se ha debatido si la relación con su marido fue tormentosa y si él puso pegas y dificultó la labor de Rosalía de Castro como escritora, en línea con las reticencias de la época a que las mujeres tuvieran carreras profesionales y/o artísticas. De manera parecida, se ha especulado con la posibilidad de que la relación con su madre fuera difícil. Sin embargo, esta obra parece sugerir lo contrario, hasta el punto de que Rosalía de Castro afirma, no en este pasaje, sino en otro lado del poema, que su madre fue dulce como un ángel bueno.  *am3 Por lo que respecta a este pasaje, aunque se centra más bien en la naturaleza de la muerte, también hay muestras de cariño hacia la madre, como cuando la autora señala “que tuve un tiempo madre / y que ora ya no la tengo”, en alusión a la desazón por su ausencia. *am4

Si el poema A mi madre sirve para entender la vida de Rosalía de Castro, también es un ejemplo claro de la estética romántica que ella cultivó. *am5  Hay que tener en cuenta que, como Gustavo Adolfo Bécquer, Rosalía de Castro fue una autora romántica cuando el Romanticismo era una estética en retroceso: en la segunda mitad del siglo XIX, la estética predominante era el Realismo/Naturalismo. Como se puede ver en estudios canónicos, como El romanticismo español de Ricardo Navas Ruiz, esto no quiere decir que Bécquer y Rosalía de Castro sean autores postrománticos. Al contrario, estos son probablemente los dos autores más plenamente románticos de España, si bien lo logran mediante una reformulación del Romanticismo, que le es, a la vez, fiel e infiel. Resumiendo lo que no es sino una compleja filosofía que remite a los grandes pensadores alemanes desde Kant a Hegel, pasando por Schiller, y con buenas dosis de neoplatonismo, el poeta romántico aspira al Absoluto, en una ecuación que lo identifica, entre otros factores, con Dios = Naturaleza = Poesía = Amor. Por la grandilocuencia de estos conceptos, el Romanticismo originalmente utiliza un lenguaje recargado, que a menudo se logra mediante arcaísmos y referentes culturales complejos, como la mitología. Así lo puso de manifiesto, por ejemplo, Hölderlin en su novela Hiperión. En España, frente al romanticismo grandilocuente de, por ejemplo, Gaspar Núñez de Arce, el logro de Bécquer y Rosalía de Castro fue que, para ser fieles a esos grandes ideales, transformaron el estilo, porque, desde su punto de vista, solo con un lenguaje menos recargado y limpio de referentes culturales complejos se podía acercar esos ideales a los sentimientos plenos de los individuos y, en concreto, del poeta. En opinión de Luis García Montero en su libro sobre las Rimas, gracias a esta transformación, Bécquer, siendo el poeta romántico por excelencia, es además el más admirado y el padre de toda la poesía hasta la actualidad. *am6

Todo esto puede percibirse claramente en el pasaje que se está analizando de A mi madre. *am7  Siguiendo principios también tópicos del Romanticismo, como el individuo y el Sturm und Drang (del alemán, ‘tormenta e ímpetu’), Rosalía de Castro se centra en sus sentimientos propios ante la muerte de su madre, exacerbando la tristeza. Sin embargo, no lo hace mediante referencias mitológicas o culturales, sino con elementos de la vida cotidiana, como el “eco de las campanas”. Esto no impide que esté presente la aspiración romántica del Absoluto, ya que en efecto aparece repetidamente la idea de inmensidad, a través de diferentes objetos y en diferentes formas léxicas, fundamentalmente adjetivos y sustantivos que se refieren a la Naturaleza: “regiones”, “valles”, “honduras”, “vasto páramo”, “desierto”, “mar”, “profundo”, “abismo”, “firmamento”, etc. *am8

Como ilustra El caminante sobre el mar de nubes, el famoso óleo de Friedrich, la Naturaleza es uno de los típicos temas románticos, en tanto que su vastedad simboliza la inmensidad del Absoluto. Además, el Romanticismo se centra en la naturaleza turbulenta, pues es aquella que sirve para reflejar la angustia propia del poeta romántico (angustia producida por diferentes factores, que no cabe abordar aquí, por falta de espacio *am9). Precisamente, el campo léxico-semántico de este pasaje refleja esta naturaleza tormentosa, que, en el caso de Rosalía de Castro en este texto, sirve para representar su tristeza por la muerte de su madre. Y ello se suma al escenario macabro del cementerio. Como se ve en el famoso poema narrativo de Edgar Allan Poe, El cuervo, así como en tantos otros autores y obras del Romanticismo, son frecuentes los aspectos aparentemente sobrenaturales que rodean a la muerte y los cementerios. Por eso, Rosalía de Castro nos hace pensar en fantasmas cuando dice oír “gemidos quejumbrosos” y “suspiros lastimeros”, o cuando habla de “almas sin consuelo”, por la asociación de todo esto con el tópico de las almas en pena de los muertos. Sin duda, esta temática está muy en línea con algunas de las leyendas de Bécquer, como “El monte de las ánimas”. *am10

Estos recursos, además, siguen la máxima romántica de exaltación de los sentimientos y de la subjetividad. La dimensión sobrenatural en el texto no es real, sino que se desprende solo de la perspectiva subjetiva de la autora, al contemplar el paisaje, y cómo lo describe. Para ello, se vale de determinadas figuras retóricas, que ponen el acento en lo sensible. Así, entre los ejemplos antes citados, hay pleonasmo, porque los gemidos son en sí mismos quejumbrosos, del mismo modo que los suspiros son lastimeros por naturaleza propia. Hay también sinestesia en “plañidero el metal vibra”, ya que se le atribuye un rasgo auditivo (plañidero) al metal, cuya naturaleza tiene que ver con el sentido del tacto, lo cual a su vez refuerza el hecho de que vibre. Y ello en sintonía con la música que tocan (sentido auditivo) las campanas (cuya naturaleza es también táctil y metálica). Además de la dimensión sensible, al describir así el paisaje se logra la apariencia sobrenatural, porque se refuerza en el lector el tópico de las almas en pena que se quejan y suspiran. *am11  Un análisis parecido podría hacerse de otros pleonasmos y sinestesias, como “vasto páramo” y “abrasado desierto”. *am12  Por falta de espacio, valga añadir el efecto de las prosopopeyas, ya que con este recurso se logra la apariencia de que el espacio del cementerio está vivo, como vivas están las almas de los muertos. Así, se atribuyen rasgos humanos a objetos o eventos sin vida, como “melancólico concierto”, “valles solitarios” y “tristes cementerios”. No es casual, por cierto, que los rasgos humanos aquí atribuidos evoquen tristeza, dado que, precisamente, este es uno de los sentimientos propios del Romanticismo, como parte de la estética de descontento del poeta, pero, sobre todo, porque Rosalía de Castro está aquí haciendo una elegía por la muerte de su madre. De este modo, como también era habitual en la poesía romántica, Rosalía de Castro plasma, de manera metonímica, sus propios sentimientos de tristeza sobre el paisaje descrito. Los valles están solitarios y los cementerios están tristes porque ella, sin su madre, se siente sola y triste. *am13  En efecto, el propio poema confirma este paralelismo metonímico entre paisaje y tristeza de la poeta, cuando Rosalía de Castro dice que su alma es como “un mar que no se acaba” y que “en ella un sepulcro tengo”: su alma, de tan triste, da cabida a un sepulcro, porque en un sepulcro está, a su vez, enterrada su madre.

Junto a la tristeza por la muerte de su madre, Rosalía de Castro, ya casi al final del texto, se queja de los “pálidos recuerdos” que le quedan de su madre. *am14  Los recuerdos que tiene de su madre son pálidos porque, conforme pasa el tiempo, se van desvaneciendo de la memoria. Dado el proceso de olvido, Rosalía de Castro se pregunta retóricamente si también los recuerdos, como su madre, pueden morir: “¿Será cierto que pasaron, / y para siempre murieron?”. Y pone esta reflexión en relación con otro temor, también derivado del efecto del olvido: si no será que su madre, su relación con ella y hasta los recuerdos no son más que una ilusión o un sueño: que “todo ilusión me parece, / todo me parece un cuento?… / Y que tuve un tiempo madre / y que ora ya no la tengo… / También un sueño parece, / ¡pero qué terrible sueño!”. Esta congoja en el texto no es casual, sino que, con toda probabilidad, es una reformulación de un tema tradicional de la literatura barroca y, en concreto, La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Hay que recordar que el Barroco fue uno de los movimientos estéticos fundamentales para el Romanticismo. Y que, en particular, el Romanticismo en España se desarrolló a principios del siglo XIX a raíz del debate sobre el teatro calderoniano entre Nicolás Böhl de Faber y José Joaquín Mora, partiendo, a su vez, de las lecturas que de Calderón de la Barca había hecho Schlegel en alemán. *am15

Si el Barroco fue uno de los antecedentes esenciales del Romanticismo, el otro fue la Edad Media. En este sentido, A mi madre de Rosalía de Castro, como elegía, entronca irremediablemente con las Copas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Pero es que también tiene inspiración medieval la métrica empleada por Rosalía de Castro. Dejando de lado, por demasiado extensa, la cuestión de que las coplas de Jorge Manrique constituyen una formulación culta de la poesía popular de la Edad Media, lo cierto es que los poetas románticos volvieron la vista a este tipo de composiciones de inspiración folklórica, como reflejo del pueblo y la nación, ideales abrazados por el Romanticismo y desarrollados por pensadores como Hegel. No es raro, por tanto, que la estructura métrica de este pasaje de A mi madre sea el romance, con un riguroso esquema de versos octosílabos y rima asonante eo en los versos pares. Con este tipo de métrica, por así decir, neopopular, Rosalía de Castro profundiza en esa forma de poesía romántica menos grandilocuente que la de poetas anteriores. Frente a, por ejemplo, la octava real, empleada por Núñez de Arce o Espronceda por influencia de la poética neoclásica de autores como Quinta y de cadencia contundente, el romance permite un tipo de escritura más cercana a lo conversacional. *am16

*am17  En conclusión, este texto y, en general, toda la obra de A mi madre son plenamente ilustrativos de la estética romántica, así como de la vida y producción literaria de Rosalía de Castro. En sintonía con la idea romántica de que el poema es un reflejo del yo del poeta, A mi madre expresa los sentimientos de dolor por la muerte de un ser querido y sirve como un documento para comprender su biografía: frente a quienes proponen que Rosalía de Castro no tuvo una buena relación con su madre, este poema parece sugerir que la autora le tuvo un especial cariño y que, por eso, lamenta su muerte. Para expresar su tristeza, se vale de recursos y temas típicamente románticos, como la plasmación de sus sentimientos en una Naturaleza turbulenta, con atributos humanos y con connotaciones sobrenaturales. No en balde, se ha puesto de manifiesto la cercanía de este poema como otros de tradición romántica, como Poe o Bécquer, y movimientos literarios anteriores, fundamentales para el Romanticismo, como la Edad Media y el Barroco. Ahora bien, este poema muestra también la transformación estética del Romanticismo. Frente al estilo romántico original, Rosalía de Castro, como también Bécquer, logra expresar los temas de profundidad idealista del Romanticismo sin un tono grandilocuente: sin referentes mitológicos o culturales y con una métrica propia de la tradición popular.

Decargar comentario completo