Metacomentario historiográfico. Poesía: Jesús Balmori (“Blasón”, 1941)

Por: Guillermo Laín Corona

Biblioteca LITTERA

, 14/06/2024

Un comentario puede ser abierto (cada cual comenta los aspectos que crea pertinentes) o focalizado en algunos aspectos a partir de una o varias preguntas. Para hacer un comentario, se pude seguir una aproximación por apartados (contexto, temas, estilo, etc.) o ensayística (entrelazando los diferentes aspectos sin distinción en apartados). Aquí el comentario responde a una pregunta concreta y adopta una redacción ensayística sin apartados.

Un comentario puede enfocarse de distintas maneras. Aquí se adopta una perspectiva historiográfica, porque así lo requiere la pregunta formulada en el enunciado: explicar cómo el concepto de modernismo en España puede verse cuestionado y/o enriquecido, en particular, en comparación con la literaria hispanofilipina. En un comentario de este tipo, no se analizan los aspectos del texto por sí mismos, sino para explicar a través de él hechos y/o conceptos de la historiografía literaria. Por eso, en este comentario se dedica mucho espacio a disquisiciones teóricas sobre historiografía, y no tanto al análisis interpretativo. Pero incluso en estos casos no se puede perder de vista el texto en sí. Aquí se va hilando la teoría con el texto, con especial atención en el párrafo 11, donde se analizan temas y figuras literarias concretas. Ahora bien, no se abordan todos los temas y figuras literarias, sino solo los que directamente sirven para cuestionar/enriquecer el concepto historiográfico de modernismo en relación con la literatura hispanofilipina, explicando por qué.

Un comentario debe hacerse con apoyo de materiales bibliográficos: primarios (una edición rigurosa del texto que se comenta) y secundarios (estudios sobre ese texto que sirven de apoyo al análisis). Cuando se tiene acceso a la bibliografía (como en un trabajo realizado en casa), es obligatorio referirse a ella, incluyendo los datos bibliográficos (autor, título, editorial, fecha de publicación, páginas, etc.), y es necesario poner citas textuales, entre comillas y con la página exacta de la fuente de donde esté tomada cada cita. No hacer esto se considera plagio, lo que es inaceptable para el estudio académico y puede incurrir en delito. Para la bibliografía, hay que seguir un método de citación. Se debe elegir uno entre los varios posibles; lo importante es aplicarlo de manera homogénea a lo largo de todo el análisis. Aquí se ofrece un comentario con bibliografía explícita y citas entre comillas, usando el sistema de citación (Apellido, año: página).

Un comentario debe adaptarse a las necesidades del texto analizado, a la situación en que se realiza, a lo que se pide (en el caso de los comentarios focalizados) y a cualesquiera otras circunstancias. Así, un mismo texto literario se puede analizar con enorme detalle, con mucha bibliografía crítica y requiriendo mucho espacio. En este caso se ha optado por un abordaje breve, propio de ejercicios o evaluaciones parciales, que solo constituyen un porcentaje pequeño de, por ejemplo, la nota final de una asignatura de grado.

Compárese este comentario con el de Gabriel Miró (también en Biblioteca LITTERA), en el que se responde a una pregunta parecida sobre modernismo, pero desde la narrativa, con la necesidad de mostrar que se ha leído una novela completa (algo que no es necesario en este caso, al tratarse de un poema suelto) y con más bibliografía y detalle analítico que aquí. En particular, nótese que se usan referencias bibliográficas similares, porque se responde a preguntas semejantes sobre modernismo. El uso de fuentes de información iguales o similares es una buena estrategia para aprovechar y mejorar el rendimiento de estudio, pero es preciso adaptarlas a cada texto, como efectivamente se hace en los comentarios de Gabriel Miró y Jesús Balmori.

Texto

En el siguiente poema de Jesús Balmori, analice cómo puede cuestionarse y/o enriquecerse la etiqueta de modernismo, teniendo en cuenta que responde a distintas concepciones en la historiografía literaria; en particular, haga esta revisión en comparación con la literatura filipina en español.

Soy un bardo indo-hispano. En mi pecho cristiano
Mi corazón es vaso donde mezclada está
La sangre de Legaspi, el Capitán hispano
Con la sangre tagala de la hija del Rajá.

Con el talón hundido en olas y en espumas,
Esperé sobre el mar el galeón español,
Y España, al encontrarme, besó las áureas plumas
Que en mi frente temblaban como rayos de sol.

Era hermosa, era buena, era plena de amores;
Puse a sus pies mis lanzas, mis espigas, mis flores;
La di mi corazón salvaje y oriental;

Y desde entonces va en mi pecho desnudo
Sirviéndome de férreo y de glorioso escudo
Con su idioma divino y su sangre inmortal.

Jesús Balmori, “Blasón” (Mi casa de nipa: poesías, 1941)

Comentario de texto

El español ha estado presente como lengua desde que España colonizó Filipinas en el siglo XVI. A lo largo del tiempo, ha habido intentos de sistematización y estudio de la literatura filipina en español, también conocida como hispanofilipina. Sin embargo, solo en años recientes estos intentos están siendo globales y se alejan de agendas políticas nacionalistas. *jb1

En la introducción al volumen colectivo Transnational Philippines (Gasquet y Ortuño Casanova, eds., 2024), que supone un hito en el desarrollo de este campo de investigación, se amplía el concepto de literatura para acoger géneros tradicionalmente excluidos de los estudios literarios en Europa, pero que tienen mucho que ver con la configuración identitaria de Filipinas en las últimas décadas de las colonizaciones española y estadounidense. *jb2 Así, el marbete de literatura no solo se refiere en este libro a poesía, teatro o novela, sino también a otro tipo de textos, como crónicas, libros de viaje, biografías, ensayos, prosas misceláneas, cuentos folclóricos, leyendas, etc.

Partiendo del Aparato bibliográfico de la historia general de Filipinas, de Wenceslao Retana (1906, I: ii), existe una noción amplia de literatura filipiniana, que engloba: textos impresos dentro de Filipinas sobre cualquier materia, en cualquier lengua, independientemente de la nacionalidad de los autores; textos sobre Filipinas en cualquier lengua, independientemente de la nacionalidad de los autores y del lugar de impresión; y textos escritos por autores filipinos en cualquier lengua, sobre cualquier materia e impresos en cualquier lugar. La literatura hispanofilipina serían una manifestación particular de la filipiniana, que se refiere solo a los textos escritos por autores filipinos en español.

Oriundo de Manila, Jesús Balmori (1886-1948) cultivó la poesía, la novela y el teatro, así que cabe dentro del sentido de literatura filipina en español. *jb3 Además, sus obras son representativas del proceso de construcción de la identidad nacional filipina. Al igual que sus compañeros de generación —“segunda generación de ilustrados” (Ortuño Casanova y Gasquet, 2022: 9)—, Balmori exaltó con frecuencia a José Rizal, héroe nacional filipino; por ejemplo, el poema “Rizal” de Rimas malayas (1904: 12-15). El propio Balmori llegó a formar parte de las antologías de autores recomendados durante la dictadura de Ferdinand Marcos “por sus valores patrióticos” (Ortuño Casanova, 2015: 75). Se educó, sin embargo, en un ambiente cultural influido por la metrópolis española; y empezó a escribir en los años de las estéticas finiseculares. Por eso, escribió poemas a don Quijote, como el que incluyó en Balagtasán (1927: 122): “Hubo en un tiempo lontano, / y en una fecha ya extraña, / cierto caballero ufano, / a quien llamaban Quijano / por los caminos de España”. *jb4  Muestra, así, Balmori un interés por el personaje de Cervantes común al de otros autores españoles peninsulares de la época, como Unamuno en Vida de Don Quijote y Sancho (1905) y Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote (1914).

*jb5 Estos dos escritores son representantes en España de las llamadas generaciones del 98 y el 14, pero la “renovación metodológica de la historia de la literatura española moderna” (Santiáñez-Tió, 1997) pasa necesariamente por superar el concepto de generación literaria. En concreto, ha caído en desuso la oposición entre modernismo y generación del 98, que, partiendo de distintos escritos, llegó a consolidarse con el libro de Guillermo Díaz-Plaja (1951). Para abordar una revisión historiográfica en esta dirección, es preciso repensar el concepto mismo de modernismo, y ahí puede insertarse el estudio de la literatura hispanofilipina.

Según la crítica española tradicional, el modernismo se refiere de manera, por así decir, restringida a las estéticas finiseculares, especialmente la poesía, “tal como desembarcó imperialmente en España personificado en Rubén Darío y sus Prosas profanas”, entre aproximadamente finales del siglo XIX y la primera década del siglo XX: “todas las formas de la lírica europea del siglo XIX, desde el romanticismo al decadentismo” (Salinas, 2001: 15 y 16). Solo así definido tiene sentido la oposición del modernismo al 98, ya que este enfoque presupone que la estética de esta generación es más austera, profunda y, por ello, a juicio de Salinas —con no poco chovinismo nacionalista—, mejor: “Donde el modernista nada ágilmente, disfrutando los encantos de la superficie y sus espumas, el hombre del 98 se sumerge, bucea, disparado hacia los más profundos senos submarinos” (Salinas, 2001: 18).

De acuerdo con otras corrientes críticas, cabe una interpretación más amplia del modernismo: una reacción contra el positivismo y el realismo decimonónicos, que abarcaría todos los géneros literarios y todas las artes hasta la II Guerra Mundial. En palabras de Bradbury y McFarlane (1991: 25): “a new era of high aesthetic self-consciousness and non-representationalism, in which art turns rom realism and humanistic representation towards style, technique, and spatial form in pursuit of a deeper penetration of life”. Desde este punto de vista, quedaría superada la oposición al 98 en España, porque el modernismo sería en realidad un marco estético amplio dentro del cual habría varias corrientes que, aun con ligeras diferencias, serían todas modernistas: el modernismo restringido finisecular, las tradicionales tres generaciones —98, 14, 27—, las vanguardias, etc. *jb6

Sin entrar aquí en este enfoque amplio, es posible deconstruir en sí el sentido restringido del modernismo en la tradición hispánica. Parafraseando la anterior cita de Salinas, el modernismo así entendido sería un concepto imperialista —la poesía que “desembarcó imperialmente”— o, cuanto menos, occicentrista, incluso en lo que atañe a la relación transatlántica entre España y América Latina, ya que olvida, entre otras cosas, la presencia de esta estética en otros países hispanohablantes fuera de la órbita occidental. Miguel Ángel Feria (2018) ha estudiado, por ejemplo, “El modernismo hispanofilipino ante la crítica española (1904-1924)”. *jb7

Como parte de esta visión hispanocentrista del modernismo, se ha solido señalar que la visita de Salvador Rueda a Filipinas en 1915 fue determinante para el desarrollo allí del modernismo restringido, ya que fue uno de los poetas más destacados de esta estética, y en efecto hubo enormes fastos de acogida y admiración. Sin embargo, a juicio de Rocío Ortuño Casanova (2024: 243), esta forma de modernismo estaba ya en circulación por la prensa filipina desde mucho antes.

*jb8  Hay que tener en cuenta que lo que se ha considerado como la “edad de oro” de la literatura filipina en español (entre 1903 y 1942, según el libro de Luis Mariñas Otero, 1974) coincide en buena medida con el período del modernismo, tanto en su sentido restringido (hasta los años 10), como en su sentido amplio (hasta los años 40). La vida de Balmori (1887-1948) se extiende asimismo por el período amplio, pero su obra hunde sus raíces en el modernismo restringido con claras resonancias darianas hasta en los títulos mismos: Rimas malayas (poesía, 1904), Bancarrota de almas (novela, 1910), Se deshojó la flor (novela, 1915), o El libro de mis vidas manileñas (poesía, 1928). Todavía en sus textos más tardíos cabe analizar esta estética modernista restringida, como el libro al que pertenece el soneto *jb9 que se va a analizar aquí: “Blasón” (Mi casa de nipa: poesías, 1941). No obstante, es posible suponer que, aunque el libro se publicó en 1941, los poemas habían sido escritos años antes.

Como explica Irene Villaescusa-Illán (2021: 45-74), uno de los rasgos propios del modernismo restringido es el exotismo orientalista. Viene aquí a colación el estudio canónico de Edward Said (1978), *jb10  que define el orientalismo como una visión cultural reduccionista de Oriente desde Occidente, y solo así puede ser algo exótico. En “Blasón”, Balmori adapta el exotismo orientalista del modernismo restringido, hasta el punto de que es casi un pastiche del “Blasón”, poema del mismo título del peruano José Santos Chocano Gastañodi en su libro Alma América (1906), si bien no hay espacio aquí para un análisis comparativo. *jb11  Balmori parte de tópicos, como cuando menciona a un personaje casi de cuento, “la hija del Rajá”, que bien podría compararse con la princesa triste de la “Sonatina” de Rubén Darío en Prosas profanas y otros poemas (1986). *jb12 Ahora bien, el escapismo es imposible desde un punto de vista espacial, porque Filipinas es un país asiático, ubicado, por tanto, en el imaginario oriental. Desde este punto de vista, en la literatura hispanofilipina del modernismo restringido el exotismo debe conseguirse por otros medios, como la distancia temporal. Así, Balmori se refiere en “Blasón” a un pasado remoto con respecto a su presente del siglo XX: Miguel López de Legazpi (1502-1572), *jb13  almirante español clave para la conquista de Filipinas y fundador tanto del primer asentamiento español en la actual Cebú, como de Manila, la capital. Esto, a su vez, supone estrechar vínculos con la metrópolis española, toda vez que se trata de un homenaje idealizado a los conquistadores. De hecho, Balmori se define en el soneto como “indo-hispano”, ya que su sangre, según dice en el texto, es mezcla de la de Legazpi y la tagala, en alusión, por cierto, al pacto de sangre, o sandugo: una costumbre autóctona por la que dos jefes firmaban la paz uniendo sus sangres en un vaso y bebiéndola. A continuación, hay una clara exaltación del “galeón español”. Para reforzar esta alabanza, Balmori se vale de un estilo plenamente modernista en su sentido restringido, como lo es el lenguaje colorido (Bernal Muñoz, 2002) y la sinestesia (Phillips, 1984): se mezclan intensamente los sentidos en las olas y las espumas (tacto), las plumas (tacto) áureas (vista) y el temblor (tacto) de los rayos del sol (vista). Asumiendo, por tanto, el estilo modernista restringido, se logra una suerte de autoexotización, en virtud de la cual Balmori termina presentándose como “salvaje y oriental”, de la misma manera que tuvieron que hacerlo los indígenas conquistados en el siglo XVI ante los conquistadores, es decir, en actitud de vasallaje: “Puse a sus pies mis lanzas, mis espigas, mis flores”. Si la palabra blasón se refiere al ‘escudo de armas’ (según la tercera acepción del DLE *jb14 ), entonces el título del soneto se convierte en la metáfora del corazón que, siendo mezcla indígena y española, se siente orgulloso de la patria española: “Y desde entonces va en mi pecho desnudo / Sirviéndome de férreo y de glorioso escudo / Con su idioma divino y su sangre inmortal”.

Esta exaltación de lo español desde Filipinas, que entronca con la ya mencionada admiración de figuras icónicas, como el Quijote de Cervantes, sirve para profundizar en la deconstrucción de la historiografía literaria. Y es que, aunque Balmori y este soneto beben de la estética modernista en su sentido restringido, el énfasis en lo español apunta a los intereses temáticos del 98 (véase, entre otros estudios al respecto, el resumen de Montserrat Herrero [1998] sobre el concepto de España de esta generación precisamente a través del Quijote). De este modo, la obra de Balmori, aun desde Filipinas, sirve para mostrar que el modernismo finisecular hispánico y el 98, movimientos literarios que él conoce, no son tan opuestos como se ha argumentado tradicionalmente, sino convergentes. A su vez, Balmori expande esa noción de lo español más allá de España y, en particular, la hispanidad teorizada por Ramiro de Maeztu (Defensa de la hispanidad, 1934) y propugnada por Franco a partir de los años 40. No en balde, Rizal —a quien el propio Balmori exaltó en varios poemas, como se indicó más arriba— se formó y vivió en España, y fue amigo, entre otros, de Unamuno. En este sentido, hay que recordar el conflicto que el exrector de la Universidad de Salamanca mantuvo con Millán Astray (Blanco, 1998). El fundador de La Legión, que había estado en Filipinas cuando fusilaron a Rizal, no pudo soportar que Unamuno alabara en su discurso a este escritor como español y con admiración intelectual.

*jb15  A la luz de estas consideraciones, “Blasón” queda también explicado en su contexto político. Después de 1898, Filipinas dejó de estar bajo dominio español, pero no se independizó, sino que pasó a control de Estados Unidos, primero, y, después, Japón. Por eso, durante la primera mitad del siglo XX la intelectualidad filipina, que se había formado, como Rizal y el propio Balmori, en la cultura española, exaltó la pasada relación con España como manera de perfilar la identidad filipina independiente respecto de los nuevos colonizadores (Donoso, 2013: 216). A juicio de Fernández Lumba (1984: 46), este modo de hispanofilia respondía a “una nostalgia por el ambiente social y cultural en que vivían en los llamados tiempos de España”, lo cual tuvo mucho que ver, a su vez, con que la población hispanohablante en Filipinas era una élite intelectual con una posición social cómoda, que vio amenazada con la llegada de Estados Unidos.

*jb16 En conclusión, Balmori es uno de los autores filipinos más aplaudidos y su obra es representativa de la llamada edad de oro de la literatura hispanofilipina. Es, además, representativo del modernismo en su sentido restringido, es decir, la estética finisecular que en España y América Latina fue equivalente al decadentismo, simbolismo, parnasianismo, etc., y caracterizada por elementos exóticos y lenguaje colorista. Así se puede constatar en “Blasón”. No obstante, el soneto sirve, a la vez, para deconstruir esta forma de entender el modernismo. Por un lado, lo español de la temática permite establecer relaciones con la generación del 98, superando la tradicional oposición con el modernismo. Por otro, y a pesar paradójicamente de su exaltación del pasado imperialista español, permite pensar en el modernismo fuera de los parámetros españolistas y occicentristas que se han solido usar en la historia de la literatura.

Bibliografía citada

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