En una situación sin acceso a bibliografía, como un examen, la referencia a Anderson es perfectamente omisible. Si nos acordamos de quién acuñó el término, se puede escribir simplemente el nombre, sin necesidad de incluir referencia alguna al número de página o a la edición. Si no nos acordamos del autor/a o tenemos dudas, no merece la pena ponerlo. Es mejor no poner quién es el autor/a que ponerlo mal. Lo mismo sucede con el nombre de los tropos: “cosmopatriotismo”, “colonialidad del poder” o “demonio de las comparaciones” son términos que se suelen aprender en clases de crítica poscolonial, pero si por algún motivo no nos acordamos del término exacto no hay necesidad de ponerlo. Basta con explicar en qué consiste y vincularlo al texto. Al fin y al cabo, el comentario consiste en explicitar discursos que recorren un texto, así como su contexto para comprenderlo mejor en todas sus dimensiones.