Para apreciarlo, incluimos la cita completa de este pasaje: “EL CABRÍO revienta en una risada, y desaparece del campanario, cabalgando sobre el gallo de la veleta. Otra vez se trasmuda el paraje, y vuelve a ser el sendero blanco de luna, con rumor de maizales. MARI GAILA se sienta llevada en una ráfaga, casi no toca la tierra. El impulso acrece, va suspendida en el aire, se remonta y suspira con
deleite carnal. Siente bajo las faldas las sacudidas de una grupa lanuda, tiende los brazos para no caer, y sus manos encuentran la retorcida cuerna del CABRÍO. MARI GAILA se desvanece, y desvanecida se siente llevada por las nubes. Cuando, tras de una larga cabalgada por arcos de Luna, abre los ojos, está al pie de su puerta (…)” (Valle-Inclán, 1991: 93).