Es un error dar por sentado qué es, a nivel formal,
lenguaje coloquial, fácil, etc. En cierto modo, es más
fácil analizar formalmente lo difícil: en el Góngora
de las Soledades, aunque es difícil de entender, la
enorme carga retórica del texto hace fácil identificar
recursos. Cuando estamos ante lenguaje fácil,
coloquial, etc., surgen, en cambio, muchos problemas.
Por un lado, ¿qué es fácil? y ¿cómo se demuestra que
es fácil? Se trata de cuestiones complejas. Y ¿qué es
coloquial? También es algo complejo, con el añadido
de que esto depende de cada época. Para poder
decir que un texto, por ejemplo, de Galdós es
coloquial, necesitamos saber historia de la lengua,
para a su vez saber si en efecto tal o cual expresión
era coloquial en su momento -puede ser que no
fuera coloquial en el siglo XIX, aunque lo sea ahora
-. Por tanto, para decir que es coloquial deberíamos
usar bibliografía académica de tipo lingüístico, pero
ello llevaría a convertir el análisis interpretativo de
un texto literario en un análisis lingüístico. Por tanto,
aquí se ha optado por evitar la cuestión: se dice “un
lenguaje propio de esas realidades cotidianas”, en
vez de fácil o coloquial. En todo caso, no vale solo
con decir esto, sino que, como siempre, es preciso
explicar por qué y cómo, a través del análisis de
ejemplos concretos del texto, como se hace a
continuación.