El estrambote es una especie de “propina final” literaria. Es un conjunto de versos que se añade al final de una composición de estructura fija, que casi siempre es un soneto. Si el poema ya parecía terminado, el estrambote aparece para dar un cierre inesperado, un remate que suele cambiar el tono de lo leído.
Aunque su estructura es variable, lo que no varía es su función, casi siempre ligada a lo cómico. Los poetas lo utilizan como un “latigazo” final para subrayar la ironía o el humor de lo que acaban de contar.
Tiene el poder de, mediante unos versos extra, transformar un poema serio en una pieza llena de ingenio y mordacidad.
Miguel de Cervantes era un maestro en este oficio, y desmonta con su estrambote todo un soneto laudatorio previo:
AL TÚMULO DEL REY FELIPE II EN SEVILLA
«¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla!
Porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?
»Por Jesucristo vivo, cada pieza
vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,
Roma triunfante en ánimo y nobleza.
»Apostaré que el ánima del muerto,
por gozar este sitio, hoy ha dejado
la gloria donde vive eternamente».
Esto oyó un valentón y dijo: «Es cierto
cuanto dice voacé, seor soldado,
y el que dijere lo contrario miente».
Y luego, in continente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.