El apóstrofe es una figura retórica de diálogo del grupo de las figuras patéticas, que son las que buscan conmover al receptor. Procedente del gr. apó (‘lejos de’), y strofe (‘dar la vuelta’), designaba el aparte de los actores que, de espaldas al público, se dirigían con vehemencia a algún ser real o imaginario. Con el apóstrofe, el emisor apela de manera enfática a otro destinatario, animado o inanimado, concreto o abstracto. Espronceda se vale del apóstrofe cuando se dirige directamente al Sol en los versos: «Para y óyeme ¡oh sol! yo te saludo / y extático ante ti me atrevo a hablarte». El apóstrofe puede presentar distintas formas: vocativo, pregunta, exclamación…, puede darse en cualquier parte del discurso, y subraya, en cualquier caso, el contenido emocional del texto.
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