Aunque suene al latido del corazón, en literatura la sístole consiste en adelantar el acento de una palabra a una sílaba anterior por puras razones de ritmo o de rima. Es, literalmente, un “empujón” sonoro.
Lo vemos, por ejemplo, en Garcilaso de la Vega. Para encajar sus versos, se tomaba la licencia de usar este recurso y decir no “tendría” o “agradecería”, sino «térnia» o «agradecéria». Veamos estos versos:
Asílo pienso agora, y si él venido
fuese en su misma forma y su figura,
ternia el presente por mejor partido,
y agradeceria siempre a la ventura
mostrarme de mi mal solo el retrato
que pintan mi temor y mi tristura.
GARCILASO DE LA VEGA
Al mover el acento, la palabra se transforma para salvar la métrica y sonoridad del poema. Puede darse también como recurso humorístico.