En el discurso o estilo directo, el narrador cuenta un suceso mediante las palabras o pensamientos exactos de uno o varios personajes implicados, valiéndose para ello de verbos introductorios o dicendi, como el verbo decir. En la modalidad libre del discurso directo, el narrador omite el uso de estos verbos introductorios, muchas veces con fines estéticos, que afectan al estilo en que está contada una historia. Por ejemplo, Miguel de Unamuno, en el primer tercio del siglo XX, para lograr un tipo de novela nueva, que rompiera con los modos realistas anteriores, se deshizo del narrador omnisciente y casi completamente de la voz narrativa, dando más importancia a las conversaciones, diálogos, monólogos y pensamientos de los personajes. Así, La tía tula, publicada en 1921, es casi una obra de teatro.