En el discurso o estilo indirecto, el narrador parafrasea las palabras o pensamientos de uno o varios personajes, valiéndose para ello de verbos introductorios o dicendi, en expresiones del tipo María dijo que. En la modalidad libre del discurso indirecto, el narrador omite el uso de estos verbos introductorios, lo que supone que se confunda la voz narrativa con la de los personajes. Fue un recurso habitual en el boom de la novela hispanoamericana, con un marcado tono experimental, no exento de complejidad. Es icónica, por ejemplo, la pregunta retórica que abre la novela más importante de Mario Vargas Llosa, Conversación en La Catedral, que es un pensamiento del protagonista, pero que se confunde con la descripción que hace el narrador de la ciudad: “Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?”.
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