Aunque hoy lo asociamos sobre todo a la canción comercial, el estribillo es el alma de nuestra lírica. Se trata de un grupo breve de versos que abre el poema y que se repite, total o parcialmente, tras cada estrofa.
Su nombre tiene un origen curioso: está ligado a la palabra árabe markaz, que significa «estribo» o «apoyo». Y es que el estribillo funciona precisamente así: como un punto de descanso y apoyo donde el oyente recupera el tema principal y el ritmo de la composición.
Es el elemento clave en formas tan tradicionales hispánicas como el zéjel, el villancico o la letrilla. Se encuentra en nuestra literatura popular, pero también grandes autores lo han usado para fijar una idea en la memoria del público. Recordemos ese “poderoso caballero / es don dinero” de Quevedo o el “ande yo caliente / y ríase la gente” de Góngora.