El ovillejo es una estrofa de 10 versos cuya creación se le atribuye a Cervantes, y aparece por primera vez en el Quijote. Es una estrofa que demuestra un gran agudeza y juego sonoro, puesto que se estructura de la siguiente manera. La rima es siempre consonante y comienza con tres pareados. Cada pareado tiene un verso octosílabo y un verso quebrado (verso breve) que le sirve de eco. El ovillejo se cierra con una redondilla octosilábica que inicia con la misma rima del último pareado. Pero, además, los tres quebrados se recogen enteros en el último verso final. Este juego ingenioso en la composición hizo popular a la composición de Cervantes, y fue recogido por poetas insignes como Calderón o, más tarde, por Muñoz Seca, Zorrilla e incluso Rubén Darío. El siguiente ovillejo, que exhibe toda su perspicacia, es de la gran poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz:
…Y con sus ecos süaves
las aves,
y con sus dulces corrientes
las fuentes,
y con cláusulas de olores
las flores,
y con sus verdes gargantas
las plantas le den alabanzas tantas,
cuantas a su honor convienen,
pues por bienhechor le tienen
aves, fuentes, flores, plantas.