Los razonamientos dobles son aquellos que prueban tanto una tesis como la contraria. Los sofistas fueron verdaderos maestros en defender este tipo de posturas antagónicas: sobre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, etc. En uno de los escritos anónimos que nos ha llegado del siglo IV a.C, leemos:
mentir y engañar es justo: se diría que hacer esto a los enemigos es bello y justo, pero hacerlo a los amigos es feo y malvado. ¿Por qué a los enemigos sí y a los amigos no? Por ejemplo, a los padres: si fuera necesario que el padre o la madre bebiera o comiera un fármaco y no quisiera, ¿acaso no sería justo dárselo en el caldo o en la bebida sin decirles que se encuentra allí? Así pues, es justo engañar y mentir a los padres.
Platón criticó duramente este relativismo. Pero los sofistas nos mostraron así el poder de la retórica al saber invertir de este modo la fuerza de los argumentos.