La mayoría de los autores coincide en asociar el origen de la retórica al contexto judicial, en concreto, a la defensa de las propiedades confiscadas por los tiranos en la Siracusa del s. V a. C., que habían realizado expropiaciones masivas de terrenos para recompensar a los soldados mercenarios. Cuando se restableció la democracia, los propietarios se vieron obligados a defender sus posesiones en numerosos procesos, y ante la falta de pruebas documentales, tuvieron que servirse de argumentos de probabilidad y de verosimilitud para demostrar la veracidad de sus reclamaciones. Muchos sabían defender sus intereses de manera natural, pero pronto se vio la conveniencia de contar con manuales que recogieran orientaciones y consejos sobre las técnicas de persuasión más eficaces, como se cree que hicieron Córax de Siracusa y su discípulo Tisias. Así nació la retórica.