Este ritmo se puede apoyar en varios elementos. Uno de los principales, que guiaba la versificación latina y griega antiguas era la cantidad, es decir, en unas lenguas en la que existían sílabas largas y breves, se combinaban en grupos llamados pies o cláusulas, formados por un número reducido de sílabas largas y breves (de dos a cuatro). Así, había pies binarios como el yambo (breve-larga ![]()
) y el troqueo (larga-breve ![]()
), o ternarios, como el dáctilo (larga-breve-breve ![]()
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). Las versificaciones griega y latina indicaban cómo combinar estos pies para dar lugar a distintos metros. En castellano la cantidad se pierde y se sustituye por la tonicidad, por el acento. Así, aunque la versificación española se centra más en la sílaba que en el acento sí existen intentos de versificación imitando los sistemas clásicos en los que se agrupan sílabas combinando tónicas-átonas por analogía con el ritmo cuantitativo de largas-breves.